Hace poco más de tres años, a fines de junio de 2006, la Policía se enfrentó a un crimen que no dudó en calificar de "mafioso". El cuerpo de Adrián Ferrara (34) apareció en un barranco de Virreyes, en San Fernando. Lo habían fusilado y tirado allí. Un día después, su pareja, Marcela Valdéz (19), fue encontrada desangrada de 50 puntazos en el coqueto chalet que ambos compartían en Luis Guillón, a su lado, llorando desconsolado y hambriento, estaba su bebé de 10 meses.