La confirmación del cierre total del ramal Tigre del Tren Mitre entre el 10 de enero y el 28 de febrero de 2026 marca mucho más que una interrupción del servicio ferroviario: expone una forma de tomar decisiones que vuelve a dejar a Tigre pagando costos ajenos.
Las obras anunciadas por Trenes Argentinos —renovación integral de vías, modernización del sistema de señalamiento y mejoras en la infraestructura— son necesarias y largamente esperadas. Nadie discute la importancia de invertir en seguridad ferroviaria. El problema no es el objetivo, sino la falta de planificación territorial en el momento elegido.
Cerrar completamente el principal acceso ferroviario a Tigre en plena temporada de verano, cuando el distrito recibe miles de visitantes y sostiene buena parte de su actividad económica en el turismo, supone una decisión que desconoce la realidad local.
Una decisión técnica con consecuencias reales
Durante 49 días, Tigre quedará sin su conexión ferroviaria directa con la Ciudad de Buenos Aires. No se trata sólo de turistas: el tren es el medio de transporte diario de trabajadores, estudiantes y vecinos que dependen de ese servicio para su vida cotidiana.
El impacto se agrava porque esta suspensión no ocurre en un vacío. En paralelo, la línea 60 de colectivos —históricamente clave para la conectividad entre Tigre y la Ciudad de Buenos Aires— viene de sufrir recortes y modificaciones en sus ramales, reduciendo opciones de traslado y obligando a miles de usuarios a realizar combinaciones más largas y costosas.
La combinación de ambas decisiones configura un escenario crítico: menos trenes, menos colectivos y más dificultades para moverse en uno de los partidos más dinámicos del conurbano bonaerense.
El reclamo del Municipio y el impacto económico
Desde el Municipio de Tigre el rechazo fue inmediato. La comuna advirtió que la suspensión del tren durante el verano implica, en los hechos, una temporada turística seriamente afectada, con consecuencias directas para comercios, gastronómicos, prestadores de servicios y trabajadores que dependen del movimiento turístico.
El planteo no apunta a negar las obras, sino a la ausencia de diálogo y coordinación con el distrito. Una decisión de este calibre, adoptada sin consenso ni medidas compensatorias claras, vuelve a mostrar una lógica centralista que mide avances técnicos pero no evalúa impactos sociales y económicos.
Modernizar sin aislar
La modernización del sistema ferroviario es indispensable. Pero cuando las obras se planifican sin contemplar el entramado social y económico, el resultado es previsible: los beneficios futuros se anuncian, mientras los costos inmediatos recaen sobre los vecinos.
Tigre no cuestiona el progreso. Cuestiona quedar aislado en el momento en que más necesita conectividad, justo cuando otras alternativas de transporte también se ven reducidas.
Una discusión que excede al tren
El cierre del ramal Tigre del Tren Mitre, sumado a los recortes en los recorridos de la línea 60, revela un problema más profundo: la falta de una política integral de movilidad para la zona norte. Decisiones fragmentadas, tomadas sin coordinación, terminan debilitando el acceso al trabajo, al estudio y al turismo.
El tren no es sólo un medio de transporte: es un motor económico, social y cotidiano para Tigre. Modernizarlo es necesario. Aislar al distrito en plena temporada alta, mientras se reducen otras opciones de traslado, no lo es.
La pregunta sigue siendo la misma, pero ahora con más peso:
¿quién se hace cargo del costo de un verano sin tren y con menos colectivos en Tigre?

