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Tigre: la empresa detrás de Rever Pass y Be Rebel pidió concurso preventivo por una deuda de $7.000 millones

Crisis en una textil de Tigre: la empresa detrás de Rever Pass y Be Rebel debe más de $7.000 millone
IGT33 S.A., la sociedad que maneja las marcas Rever Pass y Be Rebel, tiene una planta industrial en Ricardo Rojas, más de 100 trabajadores y 13 locales. La empresa recurrió a la Justicia tras cerrar 2025 con pérdidas por $4.365 millones.

Una empresa textil con más de 40 años de trayectoria, una planta industrial en Ricardo Rojas, más de 100 trabajadores y 13 locales comerciales atraviesa una crisis financiera que la llevó a recurrir a la Justicia. Se trata de IGT33 S.A., la sociedad detrás de las marcas Rever Pass y Be Rebel, que solicitó su concurso preventivo con un pasivo superior a $7.000 millones.


La dimensión de la compañía también permite medir el impacto de la situación en el partido de Tigre. Desde 2007, IGT33 concentra dentro de su estructura tareas de corte, confección, estampería y bordado, además de las áreas comerciales, administrativas y logísticas. Su planta propia está ubicada en Ricardo Rojas.


El concurso preventivo le permite a la empresa negociar con sus acreedores mientras busca sostener la actividad. El pedido se produjo después de un fuerte deterioro de sus resultados: las pérdidas pasaron de $515 millones a $4.365 millones entre los ejercicios anteriores y el cerrado en noviembre de 2025.


Una empresa que busca cambiar para sobrevivir


El escenario llevó a IGT33 a modificar el modelo con el que desarrolló históricamente su actividad. La apertura de las importaciones y la competencia de plataformas internacionales como Shein y Temu aparecen entre los factores que la compañía identifica como determinantes para esa transformación.


La firma sostiene que las plataformas de venta directa desde el exterior tienen una estructura diferente a la de las marcas que operan localmente, ya que no afrontan los mismos costos vinculados con locales, personal, cargas sociales, impuestos y logística.


El CEO de la compañía, Pablo Sonne, resumió el proceso de reconversión: “Tuvimos que hacer un cambio de matriz, dejar de tener una matriz productiva para adaptarnos a una de producto importado. Cuando se abre la importación, empezamos la readaptación, porque Rever Pass no deja de ser una marca que compite con el mercado internacional”.


La modificación no implica abandonar completamente la producción. La estrategia planteada combina producción local con la incorporación de productos terminados importados, con la expectativa de reducir costos y mejorar la capacidad de competir en precios.


Menos ventas y una estructura que se volvió más difícil de sostener


La crisis también estuvo vinculada con el cambio en los hábitos de consumo y el avance del comercio electrónico.


Según la información presentada ante la Justicia, las ventas de la compañía bajaron de $15.475 millones a $11.814 millones en moneda constante entre 2024 y 2025, una caída cercana al 24%.


La ganancia bruta pasó, en tanto, de $8.962 millones a $5.678 millones, mientras que los gastos de comercialización y administración alcanzaron los $8.567 millones. El resultado financiero agregó otros $1.200 millones negativos.


La combinación terminó llevando el resultado anual a un rojo de $4.365 millones, frente a los $515 millones de pérdida del ejercicio anterior.


El cambio en el consumo también afectó el esquema de locales. Los costos de alquileres, expensas, fondos de publicidad y personal de los shoppings redujeron la rentabilidad de esos puntos de venta. La empresa cerró locales en centros comerciales y en la Costa Atlántica y decidió concentrarse en canales que considera más eficientes.


El problema de fondo, según la empresa


En su presentación judicial, IGT33 describe un proceso acumulado desde 2024 en el que confluyeron la retracción del consumo interno de indumentaria, el avance de las importaciones, el aumento de los costos de producción y el encarecimiento del crédito.


Durante 2025, las tasas llegaron a niveles cercanos al 100% anual, mientras la empresa recurría a financiamiento bancario para afrontar remuneraciones, indemnizaciones, renovación de locales e incorporación de nuevas líneas de productos.


Sonne planteó además las dificultades que supone competir con las plataformas internacionales: “Empezás a ver que hay una invasión de plataformas internacionales. Se vuelve desequilibrante. Cuando cambian las reglas de juego, tenés que competir contra quienes están más armados que vos hace años. Es una carrera muy desventajosa”.


En el sector textil también existe una mirada crítica sobre la manera en que se produjo la apertura hacia las plataformas extranjeras. La posición expresada por distintas empresas es que la transformación del mercado era inevitable, pero que la reconversión debería haber estado acompañada por políticas específicas.


En esa comparación aparecen sectores como la minería, el agro y el petróleo, que recibieron programas específicos y reducción de retenciones. Para la industria textil y el comercio, la crítica apunta a que esa reconversión se produjo sin una reforma laboral vigente, una reforma impositiva concretada ni acceso suficiente al financiamiento.


Una deuda que supera los $7.000 millones


El pasivo de IGT33 tiene como principal componente la deuda bancaria, que alcanza aproximadamente $3.276 millones.


El Banco de la Nación Argentina concentra unos $2.264 millones, mientras que el Banco Provincia registra alrededor de $866 millones.


A esos compromisos se agregan $975 millones de deuda fiscal y otros $1.725 millones correspondientes a obligaciones previsionales y compromisos laborales, sindicales y con proveedores.


La situación también alcanzó la cadena de pagos. Al 31 de mayo, la empresa registraba unos $262 millones en cheques diferidos a proveedores, mientras que figuraban 65 cheques rechazados por algo más de $300 millones.


Los incumplimientos derivaron en embargos sobre las cuentas de la sociedad, una situación que, según consta en la presentación, amenazaba con afectar la continuidad de la operación.


El plan para mantener las marcas


El concurso preventivo aparece como el mecanismo elegido para intentar ordenar las obligaciones y alcanzar un acuerdo con los acreedores.


Durante los últimos tres años, además del financiamiento bancario, los propios accionistas y socios fundadores realizaron aportes mediante préstamos extraordinarios para sostener la actividad.


La intención de la empresa es atravesar la crisis sin abandonar el mercado. “Te encontrás con ese escenario y con baja de ventas. Vas teniendo un déficit, necesidades financieras. Las tasas empezaron a irse por las nubes. El concurso es una herramienta en donde tratás de llegar a un entendimiento con tus acreedores”, explicó Sonne.


El ejecutivo aseguró que la compañía mantiene expectativas sobre la próxima temporada y destacó la búsqueda de una estructura de costos más competitiva: “Si bien el escenario sigue siendo muy competitivo, estamos siendo muy optimistas con la colección de verano. Fuimos optimizando proveedores y la propuesta será muy buena, con precios muy competitivos”.


Para una empresa con una planta industrial en Ricardo Rojas y más de un centenar de trabajadores, el desafío inmediato será concretar esa reconversión mientras intenta resolver un pasivo que supera los $7.000 millones.


Esto se suma q eu la semana pasada Will Der cerró su planta de General Pacheco y dejó a 120 trabajadores en la incertidumbre
 

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