Anticipar una crecida del río Luján, detectar señales tempranas de incendios en el Delta, compartir viajes en embarcaciones o monitorear la calidad del agua. Esos fueron algunos de los problemas concretos sobre los que trabajaron más de 100 participantes de CarpinchIA 2026, el hackathon impulsado por la Universidad Nacional del Delta, Areabeta y Circular.
La competencia reunió a nueve equipos que desarrollaron soluciones con inteligencia artificial orientadas a necesidades de Tigre, San Fernando y Escobar. La consigna que atravesó la experiencia fue partir del problema y utilizar la tecnología únicamente cuando pudiera aportar una respuesta.
Uno de los proyectos, denominado Pelo de Agua, desarrolló un modelo capaz de anticipar hora por hora la altura del río Luján en San Fernando durante las siguientes 24 horas. Para eso integró información mareológica, hidrológica y meteorológica mediante aprendizaje automático y construyó una base unificada con 15 años de registros.
Otro de los equipos presentó VigIA, una propuesta basada en sensores ambientales y machine learning para detectar patrones asociados al riesgo de incendios en el Delta. La intención es generar alertas tempranas con información hiperlocal que pueda resultar útil para productores, vecinos, bomberos y Defensa Civil.
La movilidad en las islas también tuvo su propio desarrollo. Navego planteó una especie de “carpooling fluvial” para ordenar una práctica que ya realizan informalmente los isleños: compartir lugares y costos en embarcaciones privadas. El equipo analizó grupos reales de WhatsApp y las características de un territorio donde numerosos arroyos y canales no cuentan con cobertura suficiente del transporte colectivo.
Del agua a la movilidad y el ambiente
La problemática ambiental fue abordada por Copernicus, que utilizó imágenes satelitales y agentes de inteligencia artificial para monitorear cuerpos de agua. El proyecto desarrolló un tablero operativo sobre las 340 hectáreas del sistema de lagos de Nordelta, incorporando información histórica desde 2018 y detección automatizada de cambios en la calidad del agua.
También se presentaron iniciativas destinadas a monitorear mediante visión computacional los flujos peatonales del Puerto de Frutos, mejorar la gestión de clubes de barrio y organizar información sanitaria dispersa para favorecer el seguimiento preventivo de pacientes.
Los proyectos fueron evaluados por un jurado interdisciplinario integrado por especialistas del ámbito científico, académico, tecnológico, productivo y público, entre ellos Fernando Peirano, Joaquín Gómez Trevijano, Diego Fernandez Slezak, Juan María Segura, Pedro Pérez, Claucio Aciti, Nacira Muñoz, Natasa Loizou, Erika Rajoy, Carolina Farías, Gonzalo Meschengieser, Francisco Capurro Robles, Juan Peyrou, Sebastián Rovira, Micaela Ferraro Medina y Eduardo Cimolai.
La evaluación no estuvo limitada al componente tecnológico. La propuesta también contempló la capacidad de cada proyecto para abordar un problema concreto, su viabilidad, impacto y conocimiento del territorio.
Para Sebastián Rovira, concejal de Tigre e integrante del jurado, el encuentro mostró además una de las funciones que puede asumir la Universidad Nacional del Delta.
“Que hoy en Tigre haya estudiantes, especialistas y empresas pensando cómo anticipar una crecida, mejorar el transporte en las islas o prevenir un incendio es exactamente el sentido que tiene contar con una universidad nacional propia. La tecnología cambia todo el tiempo, pero la pregunta de una universidad pública tiene que seguir siendo la misma: cómo usamos ese conocimiento para mejorar la vida de la gente que vive acá”, sostuvo.
Francisco Capurro, decano del Instituto de Tecnología y Producción de la UNDelta y uno de los responsables de la iniciativa, explicó el criterio utilizado para definir los proyectos.
“CarpinchIA nació con una premisa muy concreta: no empezar enamorados de una tecnología y después salir a buscarle un problema. Hicimos el camino inverso. Partimos de problemas reales del territorio, convocamos a quienes los conocen y recién entonces incorporamos inteligencia artificial, datos y herramientas digitales cuando podían aportar una solución”, señaló.
Areabeta, el espacio donde se desarrolló la experiencia
La instancia final de CarpinchIA se realizó en Areabeta, el hub de conocimiento e innovación ubicado en Nordelta Centro. Allí se busca reunir universidades, empresas, emprendedores y espacios de experimentación.
La Universidad de San Andrés ya funciona en ese espacio con su sede Nordelta. Por su parte, la Universidad Nacional del Delta comenzó en agosto a dictar allí la Diplomatura en Negocios Digitales e Innovación y tiene previstas propuestas vinculadas con Blockchain e Inteligencia Artificial y Desarrollo Emprendedor y Empresarial.
También la Facultad de Ingeniería de la UBA anunció una diplomatura en Estrategias de IA para ciudadanos y entornos sostenibles, con contenidos relacionados con smart cities, eficiencia energética, domótica y utilización de datos.
Para Malena Galmarini, impulsora del proyecto de creación de la Universidad Nacional del Delta, la articulación entre las instituciones y el territorio forma parte de la idea con la que fue concebida la universidad.
“Cuando empezamos a imaginar una universidad para esta región, la imaginábamos haciendo exactamente esto: conectando conocimiento con los problemas y las oportunidades que tenemos alrededor. Ver hoy a la UNDelta trabajando en Areabeta, junto al sector privado y otras instituciones, demuestra que cuando universidad, comunidad y producción se encuentran empiezan a pasar cosas muy interesantes”, afirmó.
CarpinchIA continuará después del hackathon. El proyecto seleccionado tendrá durante un año un programa de incubación con mentorías, acceso a espacios de prototipado y acompañamiento para intentar convertir la solución desarrollada en un proyecto sostenible.

