En González Catán, partido de La Matanza, un antiguo terreno utilizado como depósito de residuos fue transformado durante décadas hasta convertirse en Campanópolis, una singular ciudadela de inspiración medieval rodeada de bosques, lagos, puentes y construcciones realizadas, en buena parte, con objetos y materiales recuperados.
El predio tiene unas 200 hectáreas. Para recuperar las tierras se retiraron y cubrieron más de 50.000 metros cúbicos de basura. Con el tiempo, el espacio incorporó árboles, distintas especies vegetales, lagos y otros sectores naturales que hoy forman parte del paisaje.
El reciclaje atraviesa tanto la historia del terreno como la construcción de la aldea. Hierros, maderas, objetos antiguos y materiales provenientes de distintos lugares de Buenos Aires, de la Argentina y también del mundo fueron reutilizados para darle forma al proyecto.
“Gran parte de la aldea fue realizada con materiales reciclados y elementos recolectados de distintos puntos de Buenos Aires, de la Argentina y también del mundo. Cada objeto tiene una procedencia, una anécdota o un significado, y es justamente allí donde comienza una de las partes más fascinantes de la experiencia: descubrir que Campanópolis no es solamente aquello que se ve”, explica Oscar Campana, integrante del equipo de Campanópolis.
Una aldea construida a partir de un sueño
La historia de Campanópolis está ligada a Antonio Campana, un hombre sin estudios de arquitectura que comenzó a transformar el espacio a partir de sus propias ideas, inquietudes y sueños.
La obra fue creciendo durante décadas y sumó construcciones de diferentes características. Entre ellas se encuentran el Museo de las Rejas, la Casa de Piedra, la Casa de Madera y la Casa de Escoria.
El recorrido también incluye el Cabildo, la Cascina, la Casa Proa de Barco y distintos pasajes y espacios en los que los objetos y materiales utilizados adquieren protagonismo.
“Visitar Campanópolis es entrar, por unas horas, en un mundo completamente diferente. En medio de la provincia de Buenos Aires aparece una aldea de inspiración medieval, surrealista y profundamente ecléctica, donde conviven estilos, objetos y materiales de los más diversos orígenes”, cuenta Oscar.
Un recorrido entre bosques, lagos y objetos recuperados
La arquitectura se combina con un paisaje natural que forma parte de la propuesta. Una pasarela de madera atraviesa el bosque y conduce hacia las Casitas del Bosque, mientras que cerca de la plaza principal hay puentes de quebracho que permiten recorrer pequeñas islas.
El predio también cuenta con un muelle, un molino de viento, una locomotora con sus vagones y una capilla. La combinación entre construcciones, naturaleza y objetos recuperados genera un escenario que parece alejado de la vida cotidiana del conurbano bonaerense.
Pero la visita también busca reconstruir la historia de quien imaginó el lugar.
“Recorrer la aldea es también conocer la vida de Antonio, sus sueños, sus pertenencias, las razones que lo llevaron a comenzar esta obra y el camino que transitó para construirla. A lo largo de la visita aparecen historias, secretos y datos curiosos vinculados con los objetos y materiales que hoy forman parte del lugar”, relata Oscar.
Por eso, parte de la experiencia consiste en observar los detalles. Muchos de los elementos que hoy forman parte de las construcciones tuvieron una vida anterior antes de llegar a Campanópolis.
La historia de Antonio Campana
El proyecto también tiene un origen personal. En un momento de su vida, Antonio recibió el diagnóstico de una enfermedad y un pronóstico que le daba un tiempo de vida limitado. Frente a esa situación decidió cambiar el rumbo y comenzar a concretar un sueño que llevaba dentro.
Lo que comenzó como un proyecto personal fue creciendo con los años hasta convertirse en la obra que actualmente recibe visitantes.
“Por eso, más que una aldea, Campanópolis es un legado. Es una historia de resiliencia, superación, creatividad y emoción; la demostración de hasta dónde puede llegar la imaginación cuando alguien se anima a convertirla en algo real”, señala Oscar.
La construcción se desarrolló sin una formación específica en arquitectura y a partir de una idea propia que fue tomando forma con el paso del tiempo.
“Antonio no era arquitecto, pero tenía un posgrado en imaginación”, resume Oscar.
Cómo es la visita a Campanópolis
La experiencia comienza con una visita guiada en la que se conoce la historia de Antonio, el desarrollo de la aldea y su relación con el reciclaje, la ecología y el cuidado del ambiente.
Luego queda tiempo para continuar recorriendo el predio, sacar fotografías y disfrutar de los espacios exteriores. El lugar cuenta además con un mercado con distintas opciones gastronómicas y sectores para sentarse.
Quienes llegan en auto particular disponen de estacionamiento gratuito dentro del predio. También es posible acceder mediante aplicaciones de transporte o contratar excursiones a través de agencias de turismo que ofrecen traslado y entrada incluida.
“Quizás esa sea la mejor manera de explicar qué hace único a Campanópolis: no se trata solamente de visitar un lugar extraordinario, sino de adentrarse en el sueño de una persona y descubrir cómo una historia de vida terminó transformándose en una obra capaz de seguir sorprendiendo a quienes la conocen”, sostiene Oscar.
Campanópolis reúne así construcciones, naturaleza y objetos recuperados dentro de un espacio que fue transformado a lo largo de décadas. Una antigua tierra utilizada como depósito de residuos terminó convertida en una aldea que recibe turistas nacionales e internacionales.
Y detrás de las torres, los puentes, las casitas y los objetos antiguos permanece la historia de Antonio Campana, quien convirtió una idea personal en un lugar compartido.

