Los once integrantes del STF juzgarán una petición presentada en 2004 por la Confederación Nacional de los Trabajadores en Salud (CNTS).
La entidad sostiene que la prohibición del aborto de fetos anencefálicos representa "una tortura contra la madre", pues debe afrontar a veces riesgo de vida para llegar al término del embarazo sabiendo, además, que su bebé no tendrá posibilidad de sobrevida.
Médicos consultados por el STF confirmaron que, en su mayoría, esos bebés mueren instantes después de llegar al mundo y explicaron que en esos casos el eletroencefalograma es idéntico al de una persona que sufre muerte cerebral.
"La anencefalía es incompatible con la vida y corresponde a la muerte cerebral", afirmó el ginecólogo Thomaz Gollop, de la Universidad de Sao Paulo (USP) y coordinador del Grupo de Estudios sobre Aborto de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC).
No obstante, grupos religiosos, entre ellos la poderosa Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), se oponen a esta tesis, y sostienen que la vida debe ser respetada hasta su término natural.
Decenas de manifestantes antiaborto católicos, pentecostales, espiritualistas y de otras religiones iniciaron este martes una vigilia delante del edificio de la Corte pedir el rechazo a la propuesta.
"Queremos decirle 'sí' a la vida y 'no' a la muerte", afirmó el sacerdote Pedro Stepien, del grupo católico Provida, para quien los magistrados del STF "no tienen poder legislativo" y "no fueron elegidos" por el pueblo, por lo que no pueden juzgar la legalidad del aborto.
Según la Organización Mundial de Salud (OMS), hay un bebé con anencefalia por cada 700 nacimientos en Brasil, donde se estima que en las últimas dos décadas la justicia ha autorizado más de 5.000 abortos por esa malformación. (Télam)
