Palacios solicitó la pena en la noche del lunes durante su alegato en la última jornada del juicio que se desarrolla ante el Tribunal Oral en lo Criminal 6 de San Isidro, el mismo que condenó al viudo Carlos Carrascosa por el encubrimiento del crimen de su esposa María Marta García Belsunce, integrado en esta oportunidad por los jueces Hernán San Martín, Luis Rizzi y Mario Kohan.
El tribunal pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo 22 de noviembre a las 13, cuando dará a conocer su veredicto y la eventual condena.
Por su parte, su defensora, pidió que a la hora de dictar su veredicto, el tribunal tenga en cuenta que Somoza Ebbeke era un hijo de desaparecidos de la última dictadura militar con graves problemas de conducta.
Fuentes judiciales indicaron a Télam que si bien durante todo el debate, iniciado el jueves pasado, Somoza Ebbecke pidió no estar presente en la sala porque tenía como tick sonreir cuando estaba nervioso, ayer presenció los alegatos e hizo uso de su derecho a las últimas palabras.
Al dirigirse a los jueces San Martín, Rizzi y Kohan, Somoza Ebbeke se mostró arrepentido de lo que hizo, pidió perdón y dijo que el 2004 fue un año muy malo para él.
Somoza Ebbecke está acusado por abuso sexual agravado en perjuicio de ocho chicas de entre 18 y 27 años en siete hechos, ya que en el último caso hubo dos víctimas simultáneas.
Todos los ataques se cometieron entre enero y noviembre de 2004 en Martínez y Olivos, hasta que el primero de abril de ese año, Somoza Ebbeke fue detenido luego de que una de sus víctimas, una estudiante de arquitectura, lo reconoció y le vio el tatuaje chino cuando le sirvió un café en el bar "Gluck" de Acassuso, donde trabajaba como mozo.
Ese tatuaje con símbolos chinos entre el pulgar y el índice de su mano izquierda fue reconocido por todas las víctimas y fue el hilo conductor que le permitió saber a los investigadores que se trataba del mismo violador en todos los casos.
Los pesquisas determinaron que en ninguno de los hechos hubo penetración, ya que la modalidad de este violador serial era obligar a sus víctimas a realizarle sexo oral o masturbarlo, aunque la Justicia en estos casos considera que una ’felatio’ también es un abuso sexual con acceso carnal.
Para la detención de Somoza Ebbeke y su evetual condena fueron clave diversos aportes de sus víctimas, ya que una lo reconoció en el pub donde trabajaba como mozo, otra recordó el número de patente de su auto, una tercera aportó la prueba trascendental de un pañuelo descartable con su semen y una cuarta un pantalón también manchado con semen.
