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Pidieron la detención y seis años de cárcel para el ex jefe distrital de San Isidro acusado de encubrir a una banda de ladrones

Un fiscal solicitó en un juicio oral que el ex jefe de la Distrital de San Isidro, el comisario inspector Raúl Papa, sea condenado a 6 años de prisión y quede inmediatamente detenido, acusado de encubrir a una banda de ex policías que en 2011 asaltó a un empresario del juego cuando llegaba a su casa en esa localidad del norte del conurbano, informaron fuentes judiciales.
Se trata del comisario inspector Raúl Papa quien, hasta que fue detenido hace seis años por esta causa, era la máxima autoridad policial de las once comisarías de San Isidro.

Papa está siendo juzgado ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 6 de San Isidro y, si bien al principio de la causa estuvo preso, llegó al debate en libertad acusado del delito de "encubrimiento doblemente agravado por tratarse de un funcionario público y por ser consecuencia de un hecho especialmente grave".

En su alegato de hoy, el fiscal de San Isidro Claudio Scapolán solicitó para Papa la máxima pena para ese delito, seis años de prisión, y que en caso de que el veredicto sea condenatorio, que se disponga la inmediata detención del ex jefe policial.

Según la investigación del fiscal de instrucción de San Isidro que en su momento logró su detención, Patricio Ferrari, Papa tenía vínculos con al menos un integrante de una banda de ex policías que asaltaron a un empresario del juego, Jorge Pereyra.

En la causa, hay escuchas telefónicas posteriores a ese hecho en las que el comisario Papa habla con Eduardo Vivas, un ex policía bonaerense exonerado en 2007, sobre todo lo que estaba investigando la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) y la fiscalía sobre el asalto en lo de Pereyra.

"En el escritorio de mi oficina tengo lo que me mandaron que están investigando. Están en bolas", dice Papa en una de las escuchas a cuyas transcripciones tuvo acceso Télam.

"Ellos sospechan de ese muchacho que yo te digo, que supuestamente hay un informante que está en pelotas evidentemente", agrega Papa.

En otro tramo del diálogo, el ex jefe distrital le dice a Vivas que los investigadores de la DDI están sobrecargados de trabajo porque para la época en la que ocurrió este hecho, tenían que mandar parte del personal a colaborar con la investigación del caso Candela Sol Rodríguez, la nena de 11 años que apareció asesinada en Hurlingham.

"Quedate tranquilo que no... Ahí estuvieron enquilombados y siguen enquilombados con lo de Hurlingham. Todos los días tienen que mandar dos, tres grupos operativos... Están superados, viste", dice Papa.

Las escuchas de un integrante de la banda con Papa surgieron a partir del análisis de comunicaciones que el fiscal Ferrari hizo con celulares que fueron secuestrados a los primeros dos detenidos que hubo en el lugar del hecho.

Papa siempre se defendió de la acusación afirmando que conocía a Vivas porque era ex policía y porque, además, era su "informante".

Además de Papa, en el debate están siendo juzgado otros dos imputados: Alejandro Agustín Peyrot, otro policía exonerado acusado como coautor en el robo al empresario, y Diego Romero, quien era novio de una sobrina de Pereyra y, según la investigación, fue el "entregador" del hecho.

Para Peyrot, el fiscal Scapolán pidió hoy una pena de 10 años de cárcel, y para Romero, 9 años.

El robo al empresario Pereyra ocurrió alrededor de la 1 de la madrugada del 5 de agosto de 2011 en su domicilio de Tomkinson al 3300 de San Isidro.

Pereyra volvía de cenar en un stud y cuando ingresaba su Mercedes Benz al garaje de su casa dejó pasar primero a una moto con dos sospechosos que aparentemente lo seguían y abrió el portón.

Tres delincuentes irrumpieron detrás de él en otro Mercedes Benz y lo amenazaron, pero el empresario se quedó encerrado dentro del auto porque tenía los vidrios semiblindados.

Los ladrones lograron destrozar una de las ventanillas a culatazos y así Pereyra bajó del vehículo y les entregó un anillo y unos 6.000 pesos en efectivo que tenía encima.

El asalto fue observado desde la casa y por circuito interno de video por la esposa del empresario, quien se asomó por una ventana y efectuó seis balazos con un revólver Magnum .357 del cual era legítima usuaria y portadora.

Los tiros amedrentaron a los asaltantes, que abortaron el robo y corrieron hasta el auto en el que había llegado.

Pero un hijo de Pereyra que también había estado cenando con su padre, se acercó hasta su casa paterna porque tenía una llamada perdida de su madre en su celular y al ver que se estaba desarrollando el asalto, embistió el auto de los ladrones, dos de los cuales luego fueron detenidos por Gendarmería Nacional.

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