Bunge cerró una planta en Campana y despedirá a 110 trabajadores
La compañía dejará de fabricar amoníaco y tiosulfato de amonio, dos insumos utilizados en la elaboración de fertilizantes. Atribuyó la decisión a limitaciones tecnológicas, cambios en el mercado y dificultades de abastecimiento.
La decisión de Bunge de discontinuar dos líneas de producción en Campana tendrá un impacto directo sobre el empleo industrial: 110 trabajadores serán desvinculados tras el cese de la fabricación de amoníaco y tiosulfato de amonio, compuestos utilizados en la elaboración y aplicación de fertilizantes.
La medida alcanza a la actividad industrial que la compañía desarrollaba en ese establecimiento de la provincia de Buenos Aires. Según explicó la empresa, la resolución responde a una combinación de dificultades operativas y comerciales que afectaron la viabilidad del negocio.
Entre los factores señalados figuran las limitaciones tecnológicas y de infraestructura de una planta con más de 50 años de funcionamiento, los cambios en las condiciones del mercado y los problemas relacionados con el abastecimiento de insumos.
La empresa indicó que la decisión fue tomada “después de un proceso de análisis y de evaluar distintas alternativas operativas y comerciales”.
El impacto laboral del cierre en Campana
La desvinculación de los 110 empleados constituye la principal consecuencia inmediata del cese de esta actividad. La propia compañía reconoció que la medida tendrá efectos sobre los trabajadores y sus familias.
El alcance de la decisión se limita a la producción de amoníaco y tiosulfato de amonio en la planta de Campana. En esa operación, la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) participa de manera asociativa por un equivalente al 17,5% del total producido.
Pese al cierre de estas líneas industriales, Bunge sostuvo que mantendrá sus inversiones en infraestructura y activos productivos vinculados con la transformación de materias primas agrícolas en el país.
Qué productos dejarán de fabricarse
El amoníaco es un insumo clave para la industria de fertilizantes, mientras que el tiosulfato de amonio se utiliza para elaborar fertilizantes líquidos que aportan nitrógeno y azufre a los cultivos.
La producción de tiosulfato de amonio en Campana había comenzado en octubre de 2004. Su utilización está vinculada con el aporte de nutrientes que requieren distintos cultivos, en un mercado condicionado por los costos de los insumos y las decisiones de inversión de los productores agropecuarios.
La demanda de fertilizantes en la Argentina está relacionada principalmente con la producción de cereales y oleaginosas. Entre los cultivos que requieren mayores aportes de nitrógeno se encuentran el maíz y el trigo.
Bunge mantiene su peso en el negocio agroexportador
El cese de esta actividad se produce mientras Bunge conserva una posición relevante en el comercio exterior de productos agrícolas argentinos.
Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) citados en el material, la compañía registró durante el primer semestre de 2026 declaraciones de ventas al exterior por 11,6 millones de toneladas. Ese volumen fue el mayor entre las empresas del sector para ese período en al menos cinco años.
Con esos registros, encabezó el ranking de agroexportadores, por delante de Cargill y Cofco, y concentró alrededor del 22% del total declarado por el sector. Su posición se fortaleció tras la integración con Viterra, concretada en julio de 2025.
La compañía tiene más de 140 años de presencia en la Argentina, donde emplea a unas 4.500 personas y cuenta con alrededor de 60 instalaciones. Sus actividades incluyen la comercialización de granos, la molienda de soja y girasol, la producción de aceites vegetales y la distribución de fertilizantes.
A escala global, Bunge reúne aproximadamente 34.000 empleados y más de 500 instalaciones y terminales portuarias.