Graffitis y pintadas: ¿arte urbano o vandalismo?
Los graffitis y escrituras sobre el frente de negocios o casas particulares en la Zona Norte bonaerense ya se toman como algo inevitable, como el mal tiempo. Y sin embargo, la proliferación de estos actos de vandalismo acarrea disgustos, molestias e insume no poco dinero en limpiar domicilios y comercios, preparados y embellecidos con mucho esfuerzo.
El empleado de maestranza de la concesionaria Peugeot Siro, de Santa Fe y Entre Ríos, en San Isidro, tiene siempre a mano pintura azul para tapar, una y otra vez, los jeroglíficos que ensucian su frente con firmas o escritos con aerosol.
Pero ya se rindió: “Cada vez que lo hacía, durante meses, al día siguiente nos pintaban de nuevo el frente”, se lamenta un vendedor de la firma. Lo mismo ocurre con las sucursales Siro de Olivos. Hoy, en esas vidrieras, conviven vehículos de alta gama con escritos incoherentes.
El hecho se sucede a lo largo de todo el corredor de las principales avenidas que unen Vicente López con Tigre, y comprenden no solo negocios que ven paredes y vidrios manchados con aerosol, sino también domicilios particulares, en los que los vecinos tienen que gastar mensualmente su dinero para volver a blanquear paredes, puertas y persianas.
En los andariveles Maipú-Santa Fe-Centenario-Perón y en Avenida del Libertador, en casi toda su traza, no solo los locales vacíos o en alquiler sino aquellos que abren sus puertas todos los días, sufren este tipo de “ataques”.
Y en algunos casos, no se salvan ni los carteles indicadores de las calles, que son prolijamente tapados con aerosol para que no se vea la dirección.
Raquel, gerente de una confitería muy conocida de Olivos, se queja: “Como tenemos mucha superficie vidriada, esta gente nos vive pintando la vidriera, y al menos una vez por semana la gente de limpieza tiene que utilizar esponjas de metal y cepillos para sacar la pintura. Por suerte sobre este material (el vidrio), la pintura se puede sacar. Pero estamos cansados. Y te aclaro que no son jovencitos, son muchachos de más de 30 años”, aporta como dato.
En San Fernando, la situación no es mucho mejor. “Entiendo. No me gustan pero entiendo las pintadas políticas y aún aquellas que destacan un club de futbol o un dirigente. Pero que me pinten el frente de mi casa o el local con garabatos sin sentido, dañinos con el sólo ánimo de hacerme pintar de nuevo, realmente se merecen ir presos, por idiotas”, se queja Andrés, quien sufre doblemente los actos vandálicos, tanto en su casa como en su negocio.
Y el mito urbano se acrecienta con grupos, sectas o pandillas que tienen en esos supuestos “códigos” una forma de comunicación. Las patrullas urbanas de los municipios admiten que no están atentos a esas situaciones de calle, pero que si los ven no dudan en bajar del vehículo e impedir que continúen su tarea. Pero admiten que no los detendrían. “te parece meter preso a un chico que pinta una pared y perder ese tiempo en buscar a los verdaderos delincuentes?”, pregunta un agente policial.
Algunos, desde el otro lado de la acera, sostienen que ningún funcionario público debería determinar "qué es arte y qué es basura".
Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y alma mater del programa de “Tolerancia Cero” al delito, quien estuvo días atrás en Argentina con el intendente de Tigre, Sergio Massa, sostenía que si alguien rompía un vidrio y no se lo detenía, el ejemplo posibilitaría que muchos otros rompieran vidrios, o que se animaran a algo más. Y si eso tampoco tenía consecuencias, los “transgresores” seguirían probando hasta donde llegan los límites de la permisividad. Por eso se accionaba sobre todo lo que fuera ilegal, por mínimo que pareciera.
Hoy, en la región metropolitana norte, la violencia se manifiesta de muchas formas, siendo la extrema la de pérdida de vidas humanas. Pero existen otras muchas formas de violencia cotidiana que mal predisponen a los ciudadanos, y que, como en muchos casos que no toman conocimiento público porque no llegan a la tapa de los diarios, pero muchos vecinos ya cansados de las tropelías, recurren o propician el castigo por mano propia con los contumaces escribientes.
Sin embargo, para gran parte de la sociedad, las pintadas callejeras terminan resultando “naturales”, y así se seguirán admitiendo, hasta que alguien reaccione de manera desproporcionada, harto ya de las reiteradas molestias, y entonces todos se rasgarán las vestiduras hablando del "justiciero", mientras otros hablarán de excesos. Lo cierto realmente es que debe haber una intervención, para que la justicia sea solamente ejercida por quienes tienen ese poder indelegable: la Justicia, y la policía como brazo de la ley. Pero ello debe producirse ahora. Después será tarde.
Por Alfredo Goijman