Presidente del Rotary Club de Martínez en 2011, Jimenez Lozano, “el gordo” como lo llamaban todos, había dividido esfuerzos personales para, además de velar por su familia y desarrollarse exitosamente en su profesión, apoyar el scoutismo sanisidrense y trabajar por los jóvenes más vulnerables y golpeados por cruentas realidades.
Su idea, entre otras, era fundar una escuela de oficios en el Arenasa frente al Barrio Santa Rita, a fin de rescatar a los chicos de las malas enseñanzas, de las malas compañías y del mal camino.
Jorge Jimenez Lozano fue atacado cuando llegaba a sus casa, en la modalidad entradera, una de las más frecuentes en estos tiempos. Los ladrones esperan a una víctima al azar y, cuando ella llega o sale de su casa, aprovechan para amenazarla con armas.
En muchos casos terminan de manera trágica, al igual que el domingo. Pero este, para los vecinos de San Isidro, tiene nombre y tiene rostro, y un recuerdo imborrable de su hombría de bien y su ejemplo.

