Más de 70 ateliers, centros culturales, pubs y bares temáticos transformados en galerías de arte confluyen en una misma idea, y en una hermosa zona de San Isidro, con restaurantes que trabajan a full los dos fines de semana en que transcurre “Puertas Abiertas”, y familias enteras al aire libre, disfrutando de soplo de luz y color para el alma.
Los ateliers (como si los artistas se atrayeran entre sí), están concentrados en un 95% entre las estaciones San Isidro y Barrancas del Tren de la Costa, entre las vías y el Río de la Plata, y solo unos pocos, no más de cinco, del otro lado de la vía.
“Creo que Puertas Abiertas ya es una identidad en San Isidro”, asegura la Subsecretaria de Difusión y Cultura de la Comuna, Eleonora Jaureguiberry, quien justifica el diálogo con los artistas al considerar que “el arte contemporáneo es bastante complejo y tiene muchos soportes diferentes”, por lo cual, sugiere, se torna cada vez más necesario el diálogo con quienes crean sus obras, cada vez con menos límites, con menos fronteras.
Agrega Jaureguiberry que la pregunta y la respuesta “completa un poco la comprensión de la obra. Y ese no es un dato menor: en Puertas Abiertas hay mucha conversación con el artista, con el que plasma sus ideas, sobre su obra, pero también sobre su recorrido, su historia, y eso completa el entendimiento sobre la pintura o la escultura”, explicó.
Y en cuanto a quienes compran obras de arte, la funcionaria destacó que el conocimiento y el diálogo con el artista, genera en la gente “una sensibilidad muy especial, que se le despierta y a veces hace que decida llevar arte a su casa. Y vivir con arte –reflexionó-, genera efectos muy concretos: Te lleva a pensar en términos más trascendentes”.
La puerta de la casa del artista Sebastián Indart está abierta de par en par, con mesas en la calle y un mural de “pintura colectiva” en el que grandes y chicos, pincel en mano, tratan de interpretar a quien plasmó su arte antes, y debe continuar el cuadro. Los más felices son los niños, que tienen su propia creación colectiva y usan sus propias manos en lugar de pincel. Pero el interior de la casita con jardín hecha atelier, brilla de color y formas.
Muy cerca, la artista Flavia Mastrángelo, a quien el actor David Caruso (el pelirrojo de la serie norteamericana CSI) le compró una fascinante pintura de Marilyn Monroe, también expone su obra. “Creo que es maravilloso poder crear y exponer, y dialogar con la gente, situación que solo es posible a veces, el día de apertura de una exposición”, señala, mientras pinta sobre una remera una imagen, mitad ojo de horus, mitad sol.
También, en la misma cuadra, “El Mágico” (apodo con el que quiere ser conocido el artista), expone sus cuadros, toneles pintados con imágenes de películas antiguas, y cascos de motociclista psicodélicos, murales, y telas pintadas, entre otras actividades artísticas, concitando gran atención de los ávidos transeúntes que atiborraron el bajo de San Isidro. Algo más atrás, la música proviene de la zona cercana a alguien que parece un Disc jockey, con lentes oscuros, sombrero tejido tricolor y pinta de jamaiquino, aunque duro como enano de jardín, completa la escena.
Cruzando Roque Saenz Peña, uno puede ingresar (todas las puertas están abiertas), a la trastienda de un restaurante y encontrarse entre hornallas y cocineros que lo mirarán raro, o bien aterrizar en “Alcanzarte”, una mezcla de galería de arte con colonia de vacaciones para niños.
Artistas del reciclado, del tejido artístico y de la fotografía muestran sus creaciones. En este último rubro, en la de la captación de los instantes, Sofía Ferraro expone imágenes de otro mundo, de colores aún no descubiertos, e instantáneas que parecen ser dibujos, pero no.
Al doblar por Camino de la Ribera, un colectivo de la línea 333 (Olivos-San Isidro), sorprende con su cartel: “Chicas bondi”. Al subir, obras de arte, carteras y cinturones con caucho reciclado con neumáticos viejos, transforman el vehículo en una boutique móvil, mientras que colgados de los pasamanos, fotografías de mujeres, jóvenes y adultas viajando en transporte público, completan la escena.
Además, parar en cualquier restaurant y degustar manjares como si fuera una competencia de chefs de la zona, también es posible, y por precios que no son prohibitivos.
Un pecado no concurrir el fin de semana próximo a la segunda y última jornada de Puertas Abiertas, del bajo de San Isidro, con más de 70 ateliers, constituyendo una verdadera galería de arte a cielo abierto, y precios de default.

