El Papa presidió la adoración silenciosa ante el Santísimo Sacramento en la basílica de San Pedro entre las 17 y las 18 hora de Roma, y se realizó al mismo tiempo en todas las catedral del mundo.
Desde las Islas Cook a Reikiavik, pasando por Chile, Burkina Faso, Taiwán, Irak, Bangladesh, Estados Unidos o Filipinas, las diócesis se sincronizaron con la hora de San Pedro, sin importar si era día o noche, y rezaron por las intenciones propuestas por el pontífice.
En la catedral de Buenos Aires fue encabezado por el vicario general, monseñor Joaquín Sucunza, entre las 12 y las 13, en coincidencia con la misa dominical.
