Lombardi señaló que la restricción impuesta por el Gobierno nacional a la entrada de libros del exterior apunta no solo a “castigar a los lectores” sino a “entorpecer la libre expresión de ideas”, en tanto que Sileoni refutó la acusación al afirmar que “no hay un solo libro impedido de ingresar al país”.
“No vamos a aceptar manifestaciones mentirosas, cuidemos el pensamiento argentino y nacional no el xenófobo”, disparó el funcionario nacional.
Lombardi, por su parte, sostuvo que "es un insulto a la inteligencia decir que lo que viene de afuera contamina" y apuntó contra el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, cuando resaltó que "no es lo mismo importar libros que perfumes".
El responsable de la cartera de Educación sostuvo que en el país ya se han construido más de 1800 escuelas, “y tenemos a una Ciudad que corre con ventaja en su PBI y no hecho ni una”.
En tanto el funcionario porteño marcó con dureza que “un Gobierno que restringe el ingreso de libros no solo es peligroso, sino triste” y lamentó que lo lectores sean las víctimas, “por ellos hablamos”, enfatizó.
Tanto Lombardi como Sileoni tuvieron su público que arengó cada una de sus manifestaciones por lo que la apertura de la Feria del Libro fue otra vez, como ocurrió la pasada edición, escenario donde la política diaria se hizo presente con las acusaciones, las desmentidas y un duro contrapunto entre Nación y Ciudad.
Una vez que pasó la ebullición discursiva entre los funcionarios fue el momento, antes del corte de cintas, y con una sala que quedó reducida a la mitad de público debido a que se retiraron ambas parcialidades, el discurso del escritor Luis Gusmán.
Gusmán señaló que “la lectura de la infancia influye en nuestras vidas y en nuestro futuro porque tiene el poder de la revelación pero también del misterio”.
“El misterio de los libros no desaparece con el avance tecnológico. Pertenece a la singularidad absoluta de cada uno que se convirtió en lector”, agregó.
El escritor sostuvo que está convencido de que “un libro te puede cambiar la vida, porque el lector y el libro son inseparables, no hay uno sin el otro”.
Luis Viviant
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