Fuentes policiales informaron a Télam que el 2 de abril un grupo de delincuentes ingresó a robar a una casa de jubilados situada en la calle Pergamino al 2700, de Lanús, en la zona sur del conurbano.
El personal policial fue alertado del hecho y cuando se dirigió hasta la vivienda, los asaltantes huyeron en un auto, por lo que se originó una persecución y tiroteo, dijeron los informantes.
Según las fuentes, al llegar a ruta 4 y Ricchieri, en La Matanza, el vehículo fue interceptado por los policías que detuvieron a cinco sospechosos, uno de ellos baleado en la cabeza.
En poder de los apresados, los efectivos secuestraron unos 7.000 pesos en efectivo, joyas de oro y teléfonos celulares presuntamente robados de la casa de Lanús.
En un primer momento, dos de los sospechosos, un hombre y una mujer, llevaba documentación apócrifa hasta que mediante las huellas dactilares se confirmó que se trataban de los primos Roberto y Sonia Miguel, precisaron los voceros.
Un vocero de la pesquisa explicó que ambos y su supuesta banda eran investigados por el personal de la División Homicidios de la policía bonaerense por una serie de robos y homicidios cometidos desde 2006 en casas de San Isidro, Martínez, Lomas de Zamora y otros puntos del conurbano y barrios porteños.
A partir de esa presunción, los pesquisas cotejaron las huellas de la pareja sospecha con las halladas en los distintos inmuebles asaltados y coincidieron en 75 de los casos.
Además, en cinco de esos hechos, las víctimas fueron asesinadas, por lo que a los ahora detenidos no sólo se les imputan los robos sino también esos homicidios.
Según las fuentes, Roberto Miguel ya contaba con 11 pedidos de captura -uno de ellos por una evasión de una comisaría en 2008- y Sonia con 13, todos de la Justicia bonaerense.
Para los investigadores, la banda obtenía datos de sus víctimas -siempre de avanzada edad- a través de familiares de las mismas y luego entraban a robar a sus casas en busca de dinero y joyas.
Durante los asaltos, los delincuentes golpeaban a los ancianos para apoderarse del botín y siempre se movilizaban en auto último modelo, agregaron los voceros.
Siempre de acuerdo a la principal hipótesis policial, luego de cada atraco, los ladrones se ocultaban en el Litoral o a Patagonia, donde se hospedaban en hoteles de lujo para despistar a la policía.
