Las hermanas de Alberto, las princesas Carolina y Estefanía, ambas vestidas de rosa, sonreían mientras veían la boda frente a una multitud entre la que se encontraba el presidente francés Nicolas Sarkozy, el diseñador de Chanel Karl Lagerfeld y la cantante de ópera Renee Fleming.
La larga cola del vestido de satén de Wittstock diseñado por Giorgio Armani, con miles de pequeños cristales incrustados, se extendía sobre la alfombra roja. El novio llevaba el uniforme blanco de la guardia real de Carabinieri de Mónaco.
"Fue muy elegante, muy conmovedor", dijo a la televisión la supermodelo Naomi Campbell, que llevaba un vestido verde pálido con un hombro al descubierto.
Tras intercambiar los votos, Alberto le guiñó un ojo a su esposa, quien sonrió tímidamente. Sentados en los escalones rojos aterciopelados, se dieron la mano mientras un cantante sudafricano cantó Click Song, famosa por la difunta Miriam Makeba.
LA MALDICION DE LOS GRIMALDI
La boda es la primera de un príncipe gobernante de Mónaco desde que su padre, el príncipe Rainiero III, se casó con la estrella de Hollywood Grace Kelly en 1956. Rainiero transformó Mónaco de un marchito centro de apuestas a un paraíso para millonarios, utilizando su matrimonio con Kelly para infundirle el glamour de las estrellas de cine al pequeño principado
La muerte de ella en un accidente de coche en 1982 reavivó los rumores de la legendaria maldición del siglo XIII de su dinastía, los Grimaldi, que ha perseguido a su familia durante los siete siglos de gobierno. Según la leyenda, una mujer flamenca violada por un Grimaldi maldijo por toda la eternidad a la familia, diciendo que jamás podrían encontrar felicidad en el matrimonio.
Carolina y Estefanía han tenido varios matrimonios importantes y desastrosos. El propio Alberto ha estado relacionado con diversas modelos y actrices, y ha admitido que es padre de dos hijos ilegítimos.
Hace unos pocos días hubo rumores de descontento que amenazaron con aguar la fiesta.
El Palacio negó rotundamente una noticia en la publicación francesa L'Express acerca de que Wittstock intentó escapar de la ciudad en un vuelo a Sudáfrica y que se necesitó una "infinita persuasión" por parte del príncipe y de su entorno para hacerla cambiar de opinión.
La pareja se casó el viernes en una ceremonia civil más privada en el Salón del Trono.

