El madrileño apareció de impecable traje negro, se plantó en el escenario y comenzó, en un nuevo regreso a Buenos Aires, con “Garganta con arena” para luego ofrecer con una voz quebrada y dolorida “Mi Buenos Aires querido”, “Nostalgias” y “Soledad”.
Acompañado por un grupo de excelentes músicos, El Cigala se posesionaba en cada frase y melodía que su voz flamenca ofrecía a los espectadores como en “Tomo y obligo”, “Sus ojos se cerraron” y “Alfonsina y el mar”.
De pocas palabras pero directo dijo: “Estoy feliz de estar aquí. Gracias por venir y que Dios os bendiga”.
Después de un primer tramo en el que interpretó los tangos del nuevo disco, la noche entró en una segunda etapa con la bella Youkali. A partir de ese momento, y con un giño a su publico fiel, El Cigala hizo “Inolvidable” y “Corazón loco” del exitoso “Lagrimas negras” que realizó junto a Bebo Valdés.
Hacia el final la apuesta fue de flamenco puro y ritmos caribeños con “La bien pagá” y “Dos gardenias”, luego llegó el bis del adiós con “Lagrimas negras” y el reconocimiento con el público de pie y aplaudiendo a un artista que es un habitante de dos mundos, un artista que reinterpretó los grandes clásicos del tango sin despegarse de su escancia, y allí El Cigala logró transmitir una misma necesidad: la nostalgia y la tragedia.
Luis Viviant
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