César Millán conquistó a los argentinos con su simpatía y sus enseñanzas caninas
Con dos estadios Luna Park repletos y una función sold-out en el Orfeo Superdomo de Córdoba, el mexicano César Millán cautivó con su simpatía y enseñanzas a los amantes de los perros argentinos.
Con una puntualidad inusitada, la asistencia de videos y la participación de mascotas previamente seleccionadas, un Millán vestido con la camiseta de la Selección Argentina enseñó a reconocer el ciclo madurativo de los perros, a reconocer sus necesidades de cada momento y a brindarles exactamente lo que necesitan: "armonía y balance".
Así explicó que, aunque sus clientes en los Estados Unidos son celebridades, millonarios y egresados de Harvard, "un perro puede unir a todas las clases sociales pues no reconoce jerarquías económicas o de poder, sólo reconoce la energía que le transmiten los humanos".
Presentando el mismo espectáculo que ya llevó por su país de residencia y Canadá, entre otras naciones -incluyendo filmaciones subtituladas pues allí habla en inglés-, Millán ingresó al Luna Park entre la platea, que lo ovacionó y festejó chistes como "en el mundo moderno los perros están gorditos, tienen tres camas y yo tengo un show de televisión" en todo momento.
De forma muy didáctica y apoyándose también en gráficos, fue explicando cómo manejar el propio nivel de energía para lograr una conexión adecuada con la mascota, ante una platea repleta de familias con chicos, de veinteañeros y treintañeros e incluso de ancianitas que le transmitían su adoración.
"Los perros no son como los humanos, ellos no siguen a líderes inestables, por eso es importante poner reglas y límites para que los sigan", explicó como si fuera Pilar Sordo o Deepak Chopra, antes de contar cómo rehabilitó a Sophie, la perra de Oprah Winfrey, que mordía a los otros perros de la conductora y empresaria, y de contar que su hijo menor, Calvin, ya no lo acompaña en las giras porque está en el secundario y tiene su propio programa en Nickelodeon, "El encantador de cachorros". "¡Me va a dejar sin trabajo!", acotó ante la risa de todos.
Muy al estilo estadounidense, con un show de situaciones perfectamente cronometradas, mientras seguía el guión que se proyectaba en tres Teleprompters instalados sobre el escenario y ocultos al público, César Millán dejó en claro por qué encanta a los perros y a los humanos por igual con su propuesta de brindarles a las mascotas "ejercicio, disciplina y afecto, en ese orden".
"Nuestros perros sólo quieren darnos felicidad, les debo todo a los perros. Gracias por ser parte de esta misión. A mí me importa la felicidad del perro y espero que esta noche los haya inspirado -se despidió César con un peluche canino gigante en su mano que le regalaron-. Muchas gracias, que Dios los bendiga", dijo antes de salir a saludar varias veces ante los enfervorizados aplausos de los espectadores, mientras algunos se escapaban hasta la puerta de salida para saludarlo cara a cara, pedirte un autógrafo o darle un beso.
Sin dudas resultó ser un show inusual para los argentinos, con un costo para los promotores más caro que una banda de rock, aunque la puesta en escena fuera mucho más sencilla; con entradas a $ 700 pagadas por personas que salieron del Luna Park con una sonrisa y un mensaje final claro: la propuesta de intentar reencontrarse con la naturaleza, castrar a las perras para evitar la proliferación de vagabundos y evitar la eutanasia de estos fomentando el rescate y la adopción. Lo mismo que promueven muchas entidades locales pero sin la repercusión que conlleva ser César Millán, ese que encontró en Los Angeles el amplificador ideal -la televisión- para contarle al mundo de qué manera lo ve. (Reporter, por Patricia Daniele).