Tras discutir décadas Franceses reforman el “padre nuestro”
Los católicos franceses protagonizaron una “pequeña” revolución después de casi medio siglo de discusiones, al conseguir que la iglesia cambie una parte del texto de su plegaria fundamental, el “Padre Nuestro”.
Un despacho de la agencia ANSA señala que desde 1966, cuando ingresó en vigencia la versión precedente, muchos fieles expresaron su disgusto por una frase que interpretada palabra por palabra según la lengua moderna, parecía irrespetuosa hacia el Dios Padre.
El sacerdote Frédéric Louzeau, teólogo y autor de un reciente libro sobre el tema (La Priere du mendiant), explicó que resultaba “impensable que Dios, infinitamente bueno y fuente de toda bondad, pudiera inducir al hombre al mal y al pecado”. Un contrasentido total y por añadidura “blasfemo” para muchos creyentes.
El próximo 22 de noviembre la edición Mame -que en Francia se ocupa de las traducciones oficiales de los Evangelios- publicará la nueva versión, revisada y corregida, de los misales.
La novedad la reveló el 5 de setiembre el semanario “Familia Cristiana” y pasó relativamente desapercibida, entre otros cambios significativos: por ejemplo, la oración de las famosas “bienaventuranzas” también sufrirá cambios y la nueva versión aún se mantiene en secreto.
Con la excepción de los Salmos, la versión que será distribuida en Francia será totalmente nueva, en la que han trabajado durante 17 años un equipo de 70 traductores.
Esta obra titánica evitó las traducciones ya existentes y acudió a los textos antiguos griegos, armenios y hebreos.
“Una modernización radical del sentido profundo que ha permitido establecer este 'nuevo' Padre Nuestro”, escribió Le Figaro sobre la modificación que se avecina para los fieles
franceses.
“Nuevo, pero no es nuevo, a decir verdad”, agregó el periódico, en virtud de la controversia que siempre originó la traducción de esa frase de los Evangelios y cuyas consecuencias “sobre la mentalidad de los creyentes han sido incalculables”.
El sentido de la traducción fue admitido por los creyentes ortodoxos a partir de un compromiso ecuménico de 1966 con otras corrientes del pensamiento católico.
Sin embargo, desde 1965 y a partir de una reforma, la Biblia protestante adoptó “no vamos a caer en la tentación”, frase que también introdujo la Biblia de Jerusalén desde el año 2000. (Télam)