Hallan en Israel restos de una esfinge del Faraón Micerino
Una gran esfinge dedicada al faraón egipcio Micerino, el constructor de una de las tres grandes pirámides de Gizeh, se levantaba sobre la colina (“tel”) que domina Hazor, ciudad histórica de la Alta Galilea en Israel, no muy lejos del lago de Tiberíades, destruida en el siglo XIII A.C.
El sitio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005, es investigado por arqueólogos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, consigna un despacho de la agencia italiana de noticias Ansa.
La magnitud de la estatua, que los estudiosos estiman pesaba unos 500 kilos, surge de la medida de los restos: tienen entre 30 y 40 centímetros de alto, son de granito y pesan unos 40 kilos.
Entre ambas extremidades, caracteres jeroglíficos mencionan el nombre de Micerino, el faraón que condujo los destinos de Egipto hace 3.400 años.
Los pies están diseñados en forma de manos y la inscripción se refiere al soberano como “amado por la divina manifestación que le dio vida eterna”, explicaron los arqueólogos.
La leyenda revela también que en su origen la esfinge -hallada en Hazor cerca del palacio real de la ciudad histórica- se levantaba en Heliópolis, al norte de la actual El Cairo.
Los estudiosos creen que puede haber llegado en el segundo milenio antes de la edad moderna, durante la dinastía de los hyksos oriundos de Canaan, región que comprendía el Líbano, Israel y partes de Siria y Jordania.
Otra hipótesis es que haya llegado entre los siglos XV y XIII A.C., cuando Canaan estuvo bajo el dominio egipcio, como un regalo del monarca al rey de Hazor, la principal ciudad en el sur.
La razón por la cual la ciudad fue destruida no se conoce, aunque los estudiosos investigan diversas teorías.
Ammon Ben Tor, uno de los arqueólogos que realizaron la excavación, dijo creer que la estatua “se partió durante la conquista de la ciudad”.
“Por otra parte, es lo que ocurre en una conquista: no sólo en nuestro tiempo la gente destruye los símbolos del gobierno que hizo caer y destruye las estatuas, como ocurrió con Saddam Hussein -en Irak- y con (Nicolae) Ceausescu en Rumania”, señaló el experto.