Homilía de Ramos de Monseñor Jorge Casaretto en la Catedral de San Isidro
Jesús, aparece como un hombre prácticamente carente de todo poder. San Ignacio nos dice que durante la Pasión aparece fuertemente la humanidad de Jesús y parece caer en olvido la divinidad.
Jesús lucha en el Huerto de los Olivos, en esa relación con el Padre, pidiéndole que si es posible pase este cáliz, pero termina aceptando la voluntad del Padre. Una voluntad muy difícil de entender. Todos los que son padres saben cuánto cuesta entregar un hijo y cómo un padre, una madre, prefieren entregarse ellos mismos antes que entregar un hijo. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Dios, se comprometieron en este acto redentor de Cristo porque esto era lo que nosotros necesitábamos. Por eso, podríamos decir, que hay un olvido de Dios de sí mismo y una presencia nuestra muy fuerte delante de Dios.
Dios, es como que dice, “yo voy a llegar hasta esta humillación porque ustedes lo necesitan, ustedes necesitan ver hasta qué punto mi amor es infinito por ustedes”. Y un amor infinito llega a la infinita humillación de Jesús.
Los invito entonces a escuchar con atención la lectura de la Pasión tratando de meternos en este Misterio y que esto sea el inicio de esta Semana Santa en la cual, todos los días, debemos volver sobre esta actitud de Jesús, pero sobre todo, debemos sentir que la misericordia de Dios toca nuestro corazón. Para eso murió Jesús, para que apreciemos hasta qué punto la misericordia de Dios respecto a nosotros es infinita.