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02/05/2010 - 21:00 | Política /

Raimundi: “la movilización popular permite reequilibrar la balanza”

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Ni tan lejos ni tan cerca del gobierno, Carlos Raimundi repasa los vaivenes de la movilización popular y participación de la juventud, desde de la recuperación de la democracia en 1983 hasta la reciente marcha de apoyo a la ley de servicios de comunicación audiovisual.


Fue referente juvenil del radicalismo de los ‘80 y ocupó la banca de diputado nacional en tres oportunidades. Alejado hace algunos años de la UCR, pasó por el ARI, fue candidato a gobernador en el 2003, y ahora conforma un frente programático con Martín Sabbatella, desde el espacio Solidaridad e Igualdad (SI).

¿Cómo podría describir el compromiso de los jóvenes tras el retorno de la democracia en 1983?
Había un flujo ascendente de la militancia pero, al mismo tiempo, otras fuerzas frenaban la militancia. Entre ellas una generación de desaparecidos y un genocidio no solamente físico sino cultural que generó una autocensura muy grande y miedo a la participación. Se daba cierta recuperación de la esperanza, especialmente depositada en la política con la expectativa de que pudiera resolver más cosas de las que estaba en condiciones de resolver. Veníamos de un proceso de destrucción del Estado, del aparato productivo. Había una gran demanda de políticas públicas y una fuerte capacidad disminuida del Estado en poder atender esa demanda. Eso en definitiva termina con una crisis de legitimidad de la transición democrática y legitima por consenso las políticas liberales a finales de los '80.
En el peronismo la JP estaba muy devastada por todo lo que había pasado y la JR, que era la mayoritaria en ese momento, no llegaba a tener ni siquiera un porcentaje de los niveles de participación, de militancia y apropiación del espacio publico que una década atrás había tenido la juventud peronista. Es decir lo que reemplazaba en términos de militancia juvenil de los ‘80 a la militancia de los ‘70, no le llegaba ni a los talones.

Luego de haber ganado una elección por más del 50 por ciento de los votos ¿El radicalismo desalentó la participación de sus simpatizantes?

Lo que se desmovilizó fue la sociedad y por lo tanto al partido como herramienta de contacto entre el poder y la sociedad, y a la juventud del partido. En 1985 hay elecciones para renovar el parlamento y en esas elecciones Alfonsín gana en 20 de los 24 distritos, y la consigna era “no le ate las manos a Alfonsín”. Si bien Alfonsín tenía todo el poder en el partido, se readaptaron hasta las propias instituciones partidarias. Un instituto fundacional del radicalismo es la incompatibilidad entre cargos públicos y cargos partidarios. Llegamos a un punto donde Alfonsín no podía ejercer la primer magistratura y la titularidad de la UCR y se crea la figura del presidente nato y del presidente alterno, que le permite a Edison Otero ser presidente alterno y queda como presidente nato, natural, Alfonsín.
Por lo tanto los jóvenes de la generación intermedia, Storani, Cáceres, Nosiglia, Stubrin, respondían indirectamente con esa intermediación, al liderazgo de Alfonsín. Entonces como él decidió desmovilizar, los jóvenes acataron desmovilizar. Esa fue una de las causas de un enfrentamiento muy fuerte que tuve desde la juventud radical con Alfonsín porque no acaté esas cosas como no acaté que se dijera “Felices Pascuas, la casa esta en orden”.
En la Semana Santa de abril de 1987 las opciones eran: una democracia negociada con el poder o la de democracia con la gente en la calle, y Alfonsín eligió la democracia negociada con el poder.
Eso derivó en la pérdida de fe social en el radicalismo; en que el año 89 los tres candidatos a sucederlo son tres candidatos de derecha que se distribuyen el 95% de los votos. Menem, derecha populista; Angeloz, derecha liberal y Alzogaray, derecha conservadora. Es decir que Alfonsín aborta el ciclo histórico de la movilización popular y se crean las condiciones para la legitimación del neoliberalismo.

Qué lo distanció definitivamente del radicalismo?

En determinado momento tenía más proyectos firmados como legislador con Germán Abdala y Chacho Alvarez que con el bloque radical. En 1994 terminé de decepcionarme con Storani (Federico), de quien pensé que podría jugar el rol que Alfonsín no había jugado. Recuerdo una reunión en la confitería “El Molino” entre Bordón (José Octavio), Alvarez y Storani, que para mi debería ser el preanuncio de la transversalidad. Siempre creí en el agotamiento de los dos partidos tradicionales y en el rediseño de un sistema político con un polo conservador y un polo progresista. Pensé que esa reunión era la expresión de un progresismo que renunciaba a poner en disputa al justicialismo y al radicalismo, para construirse a si mismo. Pero me di cuenta que Storani no creía en eso.

Y entonces volver a empezar…

Siempre empecé nuevamente. No soy para nada indiferente a las críticas de “te fuiste de un lugar a otro” y demás, pero sí le pondría una connotación a eso: siempre me fui de lugares donde estaba protegido a lugares de absoluta desprotección, a lugares a construir. Nunca me fui para estar cerca del poder siempre me fui para construir un nuevo poder autónomo, distinto, desde las ideas desde las convicciones. Una persona que a los 30 años es diputado provincial por un partido de mayorías puede ganar o perder una interna pero tiene el futuro político asegurado, garantizado, entendiendo a la política como subsistencia personal. Es decir no tenía otro destino que ser un dirigente radical. Pero ¿qué hacia si eso no me contenía desde el punto de vista de las convicciones?.
La del ARI fue mi última experiencia de construcción personalista, aunque yo nunca tuve ese tipo de construcción. Esto es algo que yo dialogo mucho con Sabbatella (Martín), con quien ahora estoy en el mismo espacio, de no volver a caer en una construcción piramidal. Los líderes no son infalibles, llega un momento en que fallan y no nos podemos permitir que la defección, la claudicación o el error de un liderazgo lleve consigo el desmoronamiento de todo el esfuerzo de construcción. No podemos permitir eso otra vez.

El kirchnerismo apunto a una construcción política desde la transversalidad…

Hubo un primer intento que luego se fue retrotrayendo hacia la estructura ortodoxa del peronismo, claramente. Ahí lo que noto es un divorcio entre las ideas que se pregonan y el sujeto que se construye para sostenerse. El kirchnerismo tiene dos grandes componentes: uno de conveniencia y otro de convicción. El primero está expresado básicamente por la estructura más ortodoxa de cierto sindicalismo y por la estructura territorial del PJ que, en el caso de la provincia de Buenos Aires, son los intendentes del conurbano.

Pero ahora tiene afinidad con algunas propuestas del gobierno ¿En que momento se produce este acercamiento?

Cuando se pone en evidencia los intereses destituyentes de la derecha y el gobierno decide escapar hacia delante, en su peor momento. Sin reparar en ninguna conveniencia me empiezo a sentir idenficado con algunas líneas de profundización de este proceso como la reestatización de Aerolíneas, la recuperación de los aportes previsionales, la ley de medios, la aceleración de los juicios y, en todo el 2009, con las políticas de estímulo fiscal que tal vez analizadas una a una no estoy de acuerdo con todas, pero sí comparto la idea rectora de que una mayor actividad estatal y de mayor incidencia de políticas públicas sobre el mercado interno, eran la única posibilidad de sacar a la argentina de la dinámica de la crisis mundial.
Y en este último episodio del Banco Central, entre Redrado (Martín) y Cristina (Fernández de Kirchner) estoy con Cristina y entre Marcó del Pont y Gerardo Morales, estoy con Marcó del Pont.

Cuales serían las deudas pendientes del gobierno de aquí en adelante.

Básicamente plantear un modelo de país, de sociedad, un modelo de acumulación distinto porque una cosa es establecer planes sociales y otra es zafar a los sectores sociales mas desprotegidos de la estructura clientelar. Una cosa es tener un tipo de cambio que permite que las empresas productivas exporten y que eso haya mejorado la situación salarial y el sistema de paritarias y otra cosa seria reestructurar el sistema productivo recuperando los ferrocarriles. Es decir una perspectiva de profundización de este modelo pero siempre dentro del reconocimiento del contexto.
Estoy de acuerdo con el desarrollo del plan cooperativas pero al mismo tiempo usaría reservas no solo para el pago de la deuda sino para desarrollo. Desarrollaría astilleros y cuadruplicaría la cantidad de trabajadores devolviéndole la capacidad de reconstituir una flota nacional utilizando reservas si no hay dinero en el presupuesto. Y en el plan de cooperativas estoy de acuerdo pero sería implacable cuando hay un puntero político que le pide el porcentaje a cada beneficiario. Pero no lo digo desde el maximalismo de la izquierda, sino desde el respeto al principio de Evita que decía “donde hay una necesidad hay un derecho” y el problema que eso de ha desfigurado hacia la construcción de que donde hay una necesidad hay un puntero. Y la culpa no la tiene el puntero.

Hablamos de desmovilización de la sociedad a pocos años de recuperada la democracia. ¿Estamos frente a un mayor compromiso con la cosa pública a través de la participación?

Esa es otra de las razones por las cuales a mi me entusiasma este proceso y es lo que verifica que está tomando una dinámica pura, social, que puede llegar a superar la voluntad del gobierno.
Se está dando un debate público sobre los ejes del poder. A los monopolios les interesa ejercer el monopolio, pero también les interesa que nadie hable del monopolio y hoy se está hablando de monopolios, de intereses, de negocios, se pone en negro sobre blanco como funciona la relación entre el poder y los medios y como los medios son los que le dictan el libreto a determinada dirigencia política vacía de contenido pero que tiene mucha capacidad de hacer play back, en un guión impuesto desde fuera de la política.
Por eso me parece muy importante apoyar un proceso de apropiación del espacio público por parte de la sociedad porque es el verdadero contenido de la democracia, sino el contenido de la democracia lo pone el poder. La prueba está que una ley como la de medios sostenida por el conjunto de las universidades nacionales, por un foro masivo, por un debate público de muchos meses y por centenares de legisladores, y por un poder ejecutivo votado por millones de personas, es frenada por un poder contramayoritario de dos diputados y una jueza de primera instancia que le atribuyen a la ley errores de procedimiento.
Cómo es posible que ese elemento tan contramayoritario tenga mas poder que el elemento mayoritario?. Porque falta movilización popular, porque lo único que permite reequilibrar la balanza es la movilización popular.

Y los partidos están preparados para absorber la demanda de mayor participación, de discusión de espacios…

No. No ha habido una recomposición de los partidos y la última reforma política no ayuda al rediseño de un sistema partidario a partir de lo doctrinario, a partir de la formación de dirigentes o a partir de una revinculación de la agenda partidaria con la agenda pública. Es un sistema de internas abiertas que favorece a candidatos mediáticos en lugar de candidatos programáticos que motiven desde ese punto de vista. En el ‘83 se produce una interna con la participación de millones de personas pero en sistema de elección cerrado, partidaria. La interna abierta no genera involucramiento público por si mismo, lo que sí lo genera es que haya entusiasmo en una agenda. Por eso vote en contra de la reforma política tal como estaba planteada.

¿Y entonces?
Pusimos en debate la bonaerense, falta poner en debate la Federal, pusimos en debate los medios de comunicación, estamos poniendo en debate la Justicia, bueno en algún momento se va a poner en debate el rediseño del sistema de partidos políticos en la argentina. Y ese momento va a llegar. Por eso digo que hay que sostener este proceso porque su propia dinámica nos va a ir llevando a debatir los temas pendientes.

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